¿Cómo reconocer al niño hipoactivo?

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Normalmente siempre se habla del TDAH como niños hiperactivos que no consiguen prestar atención y estarse quietos ni siquiera un segundo. Sin embargo el TDAH significa Trastorno De Atención Hiperactivo/Hipoactivo. Es decir, los síntomas pueden ser la inquietud en el caso de hiperactivos o mucha tranquilidad en el caso de niños hipoactivos.

Los niños hipoactivos parecen ir a cámara lenta constantemente. Es muy común que estos niños estén sometidos a los enfados, gritos y castigos constantes de los padres. Su forma de ser los desespera e irrita. Y es que, para quien no sepa cómo es un niño hipoactivo, puede parecer un niño dejado, desobediente, despreocupado, indolente y despistado.

 ¿cuáles son sus síntomas?

– Presentan déficit de atención y dificultad para concentrarse.

– Parecen estar metido en sus cosas, muy concentrado en su propio pensamiento, como si lo que ocurriera a su alrededor no fuera con ellos.

– Van a cámara lenta, procesan muy despacio la información.

Les cuesta relacionarse con los demás porque sus compañeros llevan un ritmo diferente al suyo.

– Son niños que no dan muchos problemas, e incluso entre los hermanos pueden pasar desapercibidos, no llaman la atención.

– Pueden presentar fracaso escolar, ya que su diagnóstico pasa desapercibido y no se toman las medidas necesarias para ayudarles a tiempo.

– Suelen tener baja autoestima debido a las constantes regañinas y etiquetas que les ponen los padres: “es que no te enteras”, “eres un desastre”, “eres sordo”, “eres un lento”, “¡serás despistado!”.

Si los padres sospechan que su hijo es hipoactivo deben recibir el diagnóstico por parte del neurólogo o el psicólogo y tras ello, se siguen los mismos pasos que con un niño hiperactivo:

Tratamiento conductual para él y los padres, es decir, aprender a convivir con un niño hipoactivo y cómo lograr que mejore su atención.

Apoyo escolar en caso de que lo necesite, y es que suelen tener problemas de lectoescritura.

Tratamiento farmacológico si así lo recomienda el neurólogo.

Y, sobre todo, mucha paciencia, mucho cariño y menos etiquetas para los niños.

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