Georges Méliès, el pionero del cine

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Georges Méliès, nació el 8 de diciembre de 1861, fue un ilusionista y cineasta francés famoso por liderar muchos desarrollos técnicos y narrativos en los inicios de la cinematografía. Pero cada vez que mencionan su nombre lo primero que recordamos son las imágenes del film “Viaje a la Luna” de 1902. Fue una de las películas más importantes e influyentes del cine de ciencia ficción, siendo ésta una adaptación libre de la novela de Julio Verne “De la Tierra a la Luna”, escrita en 1865.

A la edad de 36 años a Méliès le cambió la vida completamente, cuando el 28 de diciembre de 1895 ingresó a el Salon Indien del Gran Café, situado en el número 14 del Boulevard des Capucines de París porque un pequeño cartel que decía “Cinematógrafo Lumière. Entrada 1 franco” atrajo su atención.

Lo que sucedía en esas cuatro paredes era algo alucinante, las personas comentaban que en la oscuridad, encerradas en un rectángulo luminoso, ¡se veían imágenes moverse y actuar como si estuvieran vivas!. El invento de los hermanos Louis y Auguste Lumiére era todo un éxito,  habían logrado poner en marcha la primera exhibición pública de lo que casi inmediatamente pasaría a ser conocido como “cine”.

Cartel promocional de los espectáculos del Teatro Robert Houdin, dibujado por el propio Méliès (Bibliothèque Nationale de France).

En esa época Méliès ya disfrutaba de reconocimiento por ser el propietario y director del Robert Houdin, un teatro que había comprado con la parte que le correspondió cuando renunció a dedicarse a trabajar en la fábrica familiar de zapatos, y donde ponía en escena trabajados y fascinantes números de ilusionismo inspirados en lo que había aprendido durante sus años de estancia en Inglaterra, donde frecuentó el Egyptian Hall del aclamado mago Maskelyne.

Su ambición de formar parte de este proyecto era muy alta. Al finalizar el espectáculo, se dirigió a los dos hermanos dispuesto a comprarles uno de esos prodigiosos aparatos, al precio que fuese. Pero los Lumiére declinaron la oferta, eso no lo desalentó, más bien lo motivó y terminó haciéndose su propio cinematógrafo (según unas versiones, construyó uno él mismo; según otras, se hizo con otro modelo más rudimentario de otro inventor y lo mejoró).

Rápidamente aprendió el funcionamiento de la máquina y para abril de 1896, incorporó a su espectáculo teatral la proyección de películas (la primera de ellas fue una titulada “Partida de naipes”). En un principio, y al igual que hacían los Lumiére, se trataba de historias más o menos realistas, en las que captaba escenas de la vida cotidiana.

Una de sus mayores creaciones fue el empalme, éste descubrimiento fue de manera accidental y lo hizo cuando al filmar una escena en la calle, su cámara se atascó generando la sensación de que un objeto se trasformaba en otro. Así fue que Méliès comenzó a utilizar esta técnica en películas en las que se representaban espectáculos de magia, pero el verdadero efecto de ilusionismo lo lograba con la edición.

Debido a éste hallazgo muchas ideas surgieron, en 1897 realizó la primera película que mostraba a un robot en la historia del cine llamada Gugusse et l’Automate, también conocida como El Payaso y el Autómata.

A partir de ese momento iniciaron los mejores años, donde Méliès invirtió todo su dinero en construir su gran estudio de Montreuil, aquí surgieron las grandes cintas del francés como: Viaje a la Luna (1902), El viaje a través de lo imposible (1904), El eclipse: el cortejo entre el Sol y la Luna (1907), A la conquista del Polo (1912), entre otras.

Sin duda alguna Méliès fue el pionero en un sinfín de técnicas cinematográficas que dieron inicio para lo que conocemos hoy como los efectos especiales en el cine.

Con más de 500 películas que transformaron por completo la industria del cine, Méliès dejo de filmar en 1913, luego de que la Primera Guerra Mundial afectara profundamente a su negocio.

Este gran director e ilusionista terminó por convertirse en un fabricante de juguetes  en Montparnasse (París), hasta el día de su muerte en 1938. Sin embargo, antes de fallecer, su obra fue reivindicada por los surrealistas, recibiendo como reconocimiento la Legión de Honor por su trayectoria.

 

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