Los niños que efectúan diariamente alguna actividad física entre los cuatro y los seis años de edad muestran en la adolescencia un mayor desarrollo de sus destrezas cognitivas y, en concreto, un mejor funcionamiento de la memoria de trabajo. Ésta memoria, es la que le permite a los niños y adolescentes retener diversos datos para resolver problemas, o para manejar diferentes informaciones y llegar a un desenlace, ésta es una capacidad primordial en el aprendizaje.

     La falta de ejercicios es un problema de salud pública a nivel global ya que, es una de las causas más trascendentales de la aparición de enfermedades no transmisibles; lo que resulta característicamente alarmante en la población infantil según la evidencia científica. Sin embargo, existen muchos estudios que analizan los efectos del sedentarismo sobre la salud, pero actualmente ninguno había obtenido un análisis sobre la asociación prolongada entre los hábitos de actividad física y la nombrada memoria de trabajo en dos etapas claves del progreso durante la infancia.

Los niños que efectúan diariamente alguna actividad física entre los cuatro y los seis años de edad muestran en la adolescencia un mayor desarrollo de sus destrezas cognitivas.

     Los Investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), publicaron una investigación prospectiva, donde afirman que la falta de actividad física desde los cuatro a los seis años tiene consecuencias en el desarrollo cognitivo en el futuro de los niños, siendo por el momento más indiscutibles sus efectos al adquirir la adolescencia.

     Cabe destacar que para lograr la ejecución de éste estudio, los investigadores seleccionaron a 1400 niños, donde los padres de 1.093 infantes, debían informar sobre los hábitos de vida de su hijo a los cuatro años de edad. Cada uno de esos niños realizó una prueba de memoria tres años después, a los siete años. Los otros 307 niños restantes, cuyos padres también cumplieron con el cuestionario de hábitos, pero ésta vez a los seis años de edad, realizaron un test que analizó la memoria de trabajo a los 14 años de edad.

     De éste modo, tras analizar los resultados, los autores del trabajo estudiaron las relaciones existentes entre unos hábitos de vida saludables y la memoria de trabajo, y encontraron que unos niveles bajos de actividad física fuera de la escuela cuando los menores tenían cuatro años se relacionaban a un 0,95% menos de capacidad en la memoria de trabajo cuando los niños cumplían los siete años. Pero ésta cifra aumentó hasta un 5% en el caso del grupo de niños de seis años que habían tenido conductas sedentarias cuando éstos llegaban a la pubertad.

    Por tanto, los científicos concluyen que, la falta de actividad física en dos de los momentos más decisivos del desarrollo cognitivo, la edad preescolar y primaria, se relacionaron con un menor interés de la memoria de trabajo.

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