Los adolescentes y el límite de su privacidad

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Algunos padres se preguntan ¿hasta dónde llega el límite de la privacidad de un adolescente?, ¿Cuándo se debe entrar al dormitorio de un hijo o ver correos electrónicos, celular, tabletas, cuadernos, libros o escuchar llamadas sin consentimiento de su hijo o previo aviso? Expertos señalan que no existe un momento exacto, sin embargo para abordar este tema, es primordial resaltar que Los hijos adolescentes tienen derecho a la privacidad y los padres deben ser muy cuidados de respetarla.

Sofía Ballestero, psicóloga experta en temas de adolescente, explica que “la relación de un padre con sus hijos empieza desde el día uno que éste nace. Cuando (los hijos) llegan a la adolescencia, debe existir un relación basada en la confianza de padre a hijo y viceversa”, agregando además que alcanzar confianza mutua no es tarea sencilla, pero poco a poco se logra.

Para que haya confianza es imprescindible el respeto por la privacidad y la intimidad.

Asimismo la especialista subraya  que “es algo clave en el desarrollo y madurez del adolescente, como también en la sana convivencia familiar”.

Ahora bien, dice Ballestero, “para que haya confianza es imprescindible el respeto por la privacidad y la intimidad, que no es más que ese espacio de los actos propios”.

En el aspecto legal, la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), tratado internacional de las Naciones Unidas, firmado en 1989, a través del cual se enfatiza que los niños tienen los mismos derechos que los adultos.

En éste sentido el artículo 16 señala que “ningún niño será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación. El niño tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o ataques”.

A lo que Ballestero afirma que “más que vulnerar la intimidad de un hijo, ante los peligros de la actual sociedad el deber de los padres o cuidadores es protegerlos. Dependiendo del grado de madurez lo harán a través de normas y pautas, su cumplimento debe ser supervisado”.

Dicho en otras palabras, es un hecho que un adolescente no debe tener acceso a contenidos pornográfico, pero tiene ordenador y otros dispositivos electrónicos. Nunca estará de más que juntos y esporádicamente revisaran los contenidos que frecuenta el joven y platicar sobre estos.

La psicóloga añade que “de no tener la aprobación del menor para acceder al contenido, es cuando más debe conocer qué está viendo su hijo, claro está de la mejor forma posible”.

 

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