Actualmente en lo que va de año se han celebrado cuatro encuentros de negociación, sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), entre sus países miembros Canadá, Estados Unidos y México. A pesar de que el propósito es concluir el acuerdo a comienzos de 2018, muchos expertos señalan que éstas discusiones podrían durar más, sobre todo debido a la complejidad de los problemas y la incertidumbre muchos de ellos.

Uno de los motivos por los que se prevé que el Tratado más importante de América del Norte, se extienda o se acabe definitivamente, es que Estados Unidos ha cuestionado el valor de los acuerdos de libre comercio, aunque el TLCAN de hecho ha resultado beneficioso para los tres países desde su entrada en vigor en 1994.

De acuerdo con datos publicados por BDC, un portal de noticias canadiense, Los establecimientos de aranceles internacionales para los inversores comerciales, han reducido los costos para las empresas y los consumidores, fomentado el comercio entre los tres países.

De hecho, la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, señala que el comercio entre los países miembros aumentó de 290 000 millones de dólares EE.UU. en 1993 a 1,1 billón de dólares EE.UU. en 2016.

El TLCAN ha resultado beneficioso para los tres países desde su entrada en vigor en 1994.

Como era de esperarse, éste aumento en el comercio creó ganadores y perdedores a medida que se reorganizaban las economías, cada uno de los cuales deseaba ofrecer productos para los que tenía una ventaja comparativa sobre sus socios.

Un ejemplo palpable es el caso del sector de la automoción, donde se descubrió que era más ventajoso instalar una planta de ensamblaje en México que en los Estados Unidos o Canadá, para realizar tareas que requieren una mano – Mano de obra menos calificada y salarios más bajos.

Según un estudio realizado por BDC, los impactos potenciales de èstas negociaciones en su negocio arrojan los siguientes escenarios:

Un cuarto de siglo más o menos después de la entrada en vigencia del TLCAN, ciertamente hay una forma de actualizarlo y mejorarlo. Por ejemplo, el 55% de nuestras exportaciones de servicios están destinadas a los Estados Unidos, por ejemplo, en las áreas de contabilidad, arquitectura y consultoría.

Por ende el intercambio de bienes y servicios a través del comercio electrónico, continuará creciendo con tecnologías digitales que facilitan la transferencia de datos a través de las fronteras.

Naturalmente, éste libre flujo de datos plantea preguntas sobre la protección de la privacidad y los derechos de propiedad intelectual que deben tenerse en cuenta en cualquier nuevo acuerdo.

Ante, una de las solicitudes de los Estados Unidos de aumentar el límite de la exención de impuestos para compras en línea de USD20 a USD800, incluso si ese aumento ofreciera a los consumidores una mayor elección y competencia, podría dañar sectores más vulnerables como el calzado, los textiles y los minoristas tradicionales.

En el supuesto caso en que  Estados Unidos se retire del TLCAN, el comercio entre Canadá y su vecino del Sur continuará regido por el Tratado de Libre Comercio Canadá-Estados Unidos.

Sin embargo BDC, subraya en su análisis que  El libre comercio originalmente concluyó en 1989 y se suspendió con la entrada en vigencia del TLCAN. Esto es lo que podría significar un retorno al Acuerdo de Libre Comercio de 1989:

 ·       Pérdida de acceso libre de aranceles al mercado mexicano.

·       Pérdida del mecanismo de solución de controversias comerciales. El acuerdo de libre comercio original tenía el mismo mecanismo para la solución de disputas comerciales que el TLCAN, pero su vida fue de solo siete años; ya no es válido.

·       Reducción del número de ocupaciones elegibles para visas de trabajo en los Estados Unidos.

En conclusión, la negociación de un nuevo acuerdo de libre comercio entre Canadá y Estados Unidos, resultaría ser un escenario más plausible que la vuelta al acuerdo de 1989. Sin embargo, muchos de los temas que se discuten en los debates actuales seguirán pendientes, incluidos los que rodean el mecanismo de solución de diferencias, el sistema canadiense de gestión de suministros para productos agrícolas, disposiciones para alentar la compra de productos básicos (“Buy América”), reglas de origen, flujos de datos transfronterizos y derechos de propiedad intelectual.

 

 

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