Riesgos del consumo de alcohol en adolescentes

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La pubertad y la adolescencia son un tiempo de cambio, donde los jóvenes se vuelven curiosos y buscan realizar las cosas a su manera. En ésta etapa la presión social para adaptarse es muy fuerte ocasionando dificultades de resistirse al consumo de alcohol si la mayoría de su entorno lo está probando.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se calcula que el uso nocivo del alcohol causa cada año 2,5 millones de muertes, y una proporción considerable de ellas corresponde a personas jóvenes. El consumo de bebidas alcohólicas ocupa el tercer lugar entre los principales factores de riesgo de mala salud en el mundo.

Cuando un niño comienza a beber antes de los 15 años, es mucho más propenso a convertirse en un bebedor crónico o en bebedor problemático. Aproximadamente 1 de cada 5 adolescentes se consideran bebedores problemáticos. Esto significa que ellos se emborrachan, tienen accidentes relacionados con el consumo de alcohol.

Por lo general los problemas relacionados con el alcohol tienen consecuencias devastadoras entre las personas y su familia, incluyendo amigos, el colegio o parejas con las que salen; además, pueden afectar gravemente a la comunidad donde habitan.

No existe una edad específica para comenzar hablar con el adolescente sobre las drogas y el alcohol, el mejor momento es ahora, ya que los niños de tan solo 9 años de edad llegan a sentir curiosidad con respecto al consumo de alcohol y pueden incluso probarlo.

Igualmente, la OMS explicó que el consumo de alcohol contribuye con más de 200 enfermedades y lesiones, incluyendo la cirrosis hepática y algunos tipos de cáncer. También hace que las personas sean más susceptibles y menos adherentes al tratamiento de enfermedades infecciosas, como el VIH y la tuberculosis, y es el principal factor de riesgo de muerte en adolescentes.

Si llega a notar que su hijo consume alcohol es importante que tengan una conversación. Inicialmente se debe actuar con prudencia dependiendo de la dimensión y la gravedad del problema. Asimismo, es importante saber las circunstancias del consumo, ya sea experimental, como diversión, como forma de relacionarse, entre otras, siempre apostando por la comunicación y el diálogo.

Se considera normal sentir angustia, preocupación y desorientación, pero se debe eludir la pérdida del control, el alarmismo y las actitudes persecutorias, solo ocasionan más angustia.

De este modo, hay que evitar acusaciones, bombardeo de preguntas, actitudes de vigilancia y posturas excesivamente rígidas. Además registrar sus pertenencias y su habitación puede traer una consecuencia negativa porque no se obtiene certeza del consumo y provoca respuestas evasivas y de negación, rechazo y enfado. Los adolescentes lo pueden tomar como una traición a la confianza.

 

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